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Ferula para pierna

Las férulas para piernas, contrario a lo que uno puede creer dada su extensión, no son tan variadas. Engañosamente, existen más tipos diferentes de férulas para manos que de férulas para piernas, considerando que la pierna tiene tres zonas en las que se puede requerir que se utilicen férulas: la tibia y peroné, la rodilla y el femur. No solo esto, sino que además en el caso de las férulas rígidas, estas son prácticamente iguales entre sí.

Las férulas para piernas pueden dividirse en dos categorías, férulas rígidas y férulas semirrígidas, también conocidas como articuladas. Si bien existen férulas flexibles para pierna, estas son aplicadas normalmente en el tobillo y en general entran en la categoría de férulas para pie.

 
 
 
 

Ferulas para diferentes zonas en la pierna

En general las férulas rígidas están hechas de yeso y poseen complementos de metal o madera, mientras que las férulas semirrígidas se fabrican en general con una combinación de tela y plástico o tela y aluminio. A pesar de no ser muy variadas, las férulas rígidas para piernas son de las más utilizadas por el hombre, específicamente las de rodilla. A la par de la muñeca y el tobillo, la rodilla al ser articulada parece encontrarse en un riesgo mayor a lastimarse, a juzgar por las estadísticas. Las férulas que se aplican en la rodilla están hechas con vendas enyesadas, y se denominan isquio-pédicas. Se extienden desde el tobillo hasta la zona superior de la rodilla, inmovilizando de esta manera la articulación y permitiendo gracias a esto que los tejidos sanen correctamente. El mismo tipo de férula se aplica para lesiones en la tibia y el peroné, al, solo que con pequeñas modificaciones para que funcionen mejor según su zona de trabajo. En este caso, las férulas que se colocan en esta zona suelen extenderse hasta el tobillo, reforzándolo, ya que la fractura se encuentra muy cercana a este y puede volverlo más frágil.

En cuanto a las lesiones del fémur, se requiere una férula de tracción transesqueletica, que funciona con la ayuda de clavos ubicados en el hueso. En cuanto a las férulas articuladas, estas están hechas de de tela elastizada, plástico y/o metal, se coloca envolviendo firmemente la rodilla, inmovilizándola. Este tipo de férula se utiliza en general en caso de contusiones y meniscopatías, y es también empleado normalmente en rehabilitaciones de rodilla luego de un tratamiento o intervención quirúrgica. La férula articulada suele utilizarse en ciertos casos como reemplazo del yeso; esto ocurre cuando el daño no es mayor y no requiere una inmovilización total. A pesar de que esta férula puede ser retirada sin la necesidad de romperla, como ocurre con los yesos, debe ser utilizada en todo momento, aunque puede ser retirada para que se observe el progreso de la lesión o para que el paciente pueda darse un baño cómodamente. En general este tipo de férula se aplica en casos no tan graves como aquellos en los que se requieren yesos, pero aun así la férula articulada tiene varias ventajas sobre la de yeso: puede ser mojada sin que se fermente, puede retirarse sin la utilización de una sierra y, probablemente la ventaja principal, es reutilizable, por lo que puede guardarse en caso de que sea necesaria en el futuro a causa de una nueva lesión.

 

 

 
 

¿De que son las ferulas para la pierna?

En medicina, el nombre férula se refiere a un dispositivo empleado con fines terapéuticos. Las hay de metal, de tela, yeso, madera y plástico, y se utilizan generalmente para tratar fracturas o esguinces, aunque sus usos son múltiples. Si bien su aplicación principal es para casos traumatológicos, las férulas son utilizadas también como complemento en intervenciones quirúrgicas, como tratamiento para el dolor e incluso para la práctica de ciertos deportes. Principalmente las férulas se utilizan para inmovilizar y mantener en posición ciertas partes del cuerpo, aquellas que se encuentran lesionadas. Se utilizan tanto de forma provisoria como para tratamientos a largo plazo, dependiendo de la gravedad de la situación.

En ciertos casos de fracturas en las que no se puede solucionar con una ortesis y es necesario operar, se emplean férulas en los momentos previos a la operación, de forma que la zona se mantenga inmóvil y no se continúe lastimado. Otras veces, en las que la lesión no es tan grave como para requerir intervención quirúrgica, se aplican férulas a modo de tratamiento principal, siendo colocadas por el médico en la zona afectada y sin ser retiradas hasta que el tejido haya sanado completamente. Dentro de los usos de férulas ortopédicas, el tratamiento de fracturas y esguinces suele ser el más común, pero no el único. Las férulas se aplican para evitar malformaciones genéticas, para corregir o evitar deformidades e incluso para mejorar la circulación, tanto linfática como venosa. Las férulas pueden ser diferenciadas entre si y agrupadas según su material, su rigidez, función o zona de aplicación; en líneas muy generales suele dividirse en dos categorías, férulas aplicadas en la cara y férulas aplicadas en las extremidades.